Siempre duda de los pronósticos
Los mercados financieros son intercambios de promesas de plata en el tiempo. Algunos instrumentos como las acciones o los bonos te cambian tu inversión de hoy por una promesa futura de retornos y dividendos. Por eso mismo, existe una necesidad de predicción del futuro, que ha traído de la mano una serie de personas expertas, muchas de nivel técnico impecable que tratan de adivinar el futuro. En general, por muy expertas que esas personas sean no hay que perder de vista que la humanidad lleva al menos unos 200.000 años tratando de predecir el futuro, sin mucho éxito comprobable.
Llega la industria del terror
Hace un par de días un cliente nos comentó que había tenido una reunión con un experto financiero, en el que le comentaron que se esperaba una crisis nunca antes vista, que el tema del conflicto en el Medio Oriente iba a tener consecuencias mucho más allá del petróleo y que se venía una crisis mayor. El cliente terminó naturalmente espantado.
En los últimos 15 años hemos escuchado una historia similar al menos una vez al año. Si bien tuvimos una crisis real (Covid), esta fue provocada por un evento que no recordamos haya sido mencionado por quienes predecían escenarios apocalípticos.

El final para la humanidad
Hace un par de días falleció Paul Ehrlich. Quizás pocos saben quien era, pero era un biólogo que en 1968 escribió el libro The Population Bomb, donde sostenía la tesis de que la batalla por alimentar a la humanidad estaba perdida y que en los años 70s – 80s iban a morir de hambre millones de personas. Esta teoría se parece bastante a la de Thomas Malthus y su libro An Essay on the Principle of Population (1789) que afirmaba un futuro similar, por razones diferentes.

Ehrlich era un experto y sacó sus conclusiones producto de viajes por el mundo, especialmente países en desarrollo y sostenía que la población mundial debía ser mucho menor para poder sustentarse. Hizo catastróficas e argumentadas predicciones sobre muertes masivas en varios países, incluso llegando a afirmar que Inglaterra podría no existir en el año 2000. Fue invitado a múltiples programas de TV y siguió hasta su muerte con su catastrófica teoría, sin que sus predicciones se cumplieran por un período de más de 60 años.
¿Qué nos enseña esto para nuestras inversiones?
Este artículo se basa en uno publicado por The Humble Dollar que no solo cuenta esta historia, sino que nos da cinco aprendizajes clave de esto a partir de la historia de Ehrlich y los pronosticadores catastrofistas:
- Nadie puede predecir el futuro y no debemos creerle a quien diga que puede: Es probable que las predicciones de Ehrlich y de muchos expertos tengan algún tipo de base científica. El problema es que siempre se basan en extrapolar, es decir tomar información a partir de datos actuales. No hay forma de predecir las complejidades de los avances tecnológicos o la capacidad humana de superar sus dificultades.
- Hay que ser escéptico. Las visiones extremas no siempre son incorrectas, de hecho, a veces se han concretado, es cosa de ver películas como The Big Short (2015). Pero el mundo es complejo, puede que la observación sea correcta pero incompleta y ese fue el defecto de Ehrlich y de muchos que pronostican catástrofes. En el caso del biólogo solo consideró 3 variables (población, riqueza y tecnología), pero el resultado final dependió de muchas otras.
- Desconfiar de los relatos que suenan convincentes solo por la forma en que se presentan. A veces hay ideas que son simples y de “sentido común”, que resuenan y llegan a tomar vida propia. Hacia el final de su vida el mismo Ehrlich reconoció haberse beneficiado de esto: «La elección del editor de llamarlo La bomba de la población fue perfecta desde el punto de vista del marketing…»,
- No hay que impresionarse demasiado de las credenciales. A pesar de haber estado casi completamente equivocado con sus argumentos, Ehrlich era profesor titular de Stanford y fue premiado múltiples veces. Eso nos lleva a olvidar que hasta las personas más inteligentes se pueden equivocar y desviar del camino correcto. Nunca deberíamos aceptar ciegamente un argumento basándose únicamente en su fuente.
- Debemos tener cuidado con el sesgo de confirmación. Es la tendencia emocional a buscar evidencia que confirme creencias preexistentes. En el caso de Ehrlich, a pesar de toda la evidencia en contra, jamás abandonó sus posiciones. El ser consistente con ideas erradas no es algo bueno.


